Supongo que esta pregunta se la habrá hecho más de uno alguna vez.
Yo, por lo menos, sí.
Siempre he tenido la sensación de que podría haber hecho más. O haber hecho mejores cosas. Haber aprovechado mejor algunas oportunidades. Y, probablemente, tener más de lo que tengo.
No lo digo desde la queja. Tengo cosas que están bien y otras que podrían estar bastante mejor. Pero hay una sensación que lleva tiempo rondándome la cabeza: ¿y si todavía puedo hacer algo diferente?
Porque hay una cosa que me jode especialmente.
No haber visto casi mundo.
El mundo es enorme. Hay países, culturas, formas de vivir y maneras de entender la vida que ni siquiera conocemos. Y cuanto más pienso en ello, más me apetece descubrirlas.
De hecho, tengo una teoría bastante sencilla:
Nunca serás culto hasta ver otras culturas.
Puedes leer libros, ver documentales, estudiar historia o pasarte horas viendo vídeos por internet. Todo eso está muy bien. Pero cuando ves a otras personas vivir de una manera completamente diferente a la tuya, empiezas a darte cuenta de que muchas de las cosas que consideramos normales no son más que eso: nuestras costumbres.
Y quizá por eso me gustaría algún día dar la vuelta al mundo.
No para hacerme una foto en cada sitio y decir que he estado allí.
Quiero ver cómo vive la gente. Qué comen. Cómo trabajan. Qué consideran importante. Qué les hace felices. Qué problemas tienen. Qué cosas hacemos nosotros que para ellos son absurdas y qué hacen ellos que a nosotros nos parecería una locura.
Porque quizá viajar no solo sirve para conocer mundo.
Quizá también sirve para conocerse a uno mismo.
También pienso en todas esas cosas que podría haber hecho y no hice.
No haber estudiado más en su momento es una de ellas. Aunque tampoco lo doy por perdido. Quién sabe, igual algún día termino apuntándome a la UNED y me pongo a estudiar con cuarenta y tantos años.
¿Por qué no?
Durante mucho tiempo parece que la vida tiene unas fechas límite para todo.
Estudiar cuando eres joven.
Encontrar trabajo.
Comprar una casa.
Formar una familia.
Ahorrar.
Y después, supuestamente, ya está.
Pero cada vez tengo más claro que la vida no funciona así.
Al menos no quiero que funcione así para mí.
Últimamente también he empezado a pensar un poco más en mí mismo, en mi futuro y, también, en mi familia.
A cuidarme más.
A intentar hacer cosas que antes iba dejando para otro momento.
Y aquí es donde aparece este blog.
El Nómada Mental.
No sé exactamente hasta dónde llegará esto.
No sé si lo leerán diez personas, cien o nadie.
No sé si algún día tendrá sentido económico o si simplemente será un sitio donde dejar escritas algunas cosas.
Pero me apetecía hacerlo.
Porque tengo la sensación de que hay muchas cosas que pensamos y que nunca decimos.
Pensamientos que hacen que uno se pregunte si es demasiado raro, demasiado inconformista o simplemente un poco especialito.
Y quizá no lo seamos.
Quizá simplemente haya más gente pensando exactamente lo mismo y creyendo que son los únicos.
Así que voy a probar a poner algunas de esas cosas por aquí.
Ideas.
Experiencias.
Viajes que algún día espero hacer.
Cosas que aprenda.
Cosas que me sorprendan.
Dinero, tecnología, vida, personas, decisiones buenas y decisiones bastante gilipollas.
De todo un poco.
Porque al final, tampoco tengo un gran plan.
Y quizá ese sea precisamente el plan.
Seguir andando y ver dónde coño acabamos.