Hay despedidas que no terminan cuando te vas, sino cuando dejas de inventar el regreso.

Tiempo de lectura: < 1 minuto

Hay despedidas que no terminan cuando te vas, sino cuando dejas de inventar el regreso.

Uno puede marcharse de una ciudad, de una relación o de una versión antigua de sí mismo y continuar allí durante años. No físicamente, claro. Basta con volver cada noche a lo que pudo haber sido, revisar conversaciones que ya no existen y construir finales alternativos para historias que dejaron de esperarnos.

La despedida se alarga cuando confundimos memoria con posibilidad.

A veces no echamos de menos un lugar. Echamos de menos la persona que éramos cuando todavía creíamos que aquel lugar podía convertirse en otra cosa. Por eso cuesta tanto cerrar ciertas puertas: no estamos despidiéndonos solo de alguien, sino también de la promesa que habíamos colocado sobre esa persona.

El regreso imaginario resulta cómodo porque no exige billete, riesgo ni respuesta. Allí todo sigue en su sitio. La calle permanece intacta, las palabras todavía podrían decirse y el pasado conserva una cortesía que rara vez tiene en la vida real.

Pero ningún mapa puede llevarnos de vuelta a un momento que ya no existe.

Hay despedidas que no piden una última conversación. Piden dejar de fabricar excusas para volver. Piden aceptar que algunas historias no terminaron mal: simplemente terminaron, que a veces es la forma más honesta que tiene la vida de continuar.

Dejar de inventar el regreso no significa olvidar. Significa dejar de poner el presente al servicio de una puerta que ya no se abre.

Y quizá entonces descubramos que no estábamos perdidos. Solo llevábamos demasiado tiempo caminando hacia atrás.

Más frases para pensar distinto: https://elnomadamental.com/category/frases/


Descubre más desde El Nómada Mental

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario