Hay frases que parecen una bofetada con toga. Esta de Séneca es una de ellas.
No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Y lo curioso es que casi nunca lo perdemos haciendo algo extraordinario. Se nos va entre notificaciones, obligaciones prestadas y esa costumbre tan nuestra de aplazar la vida para cuando todo esté en orden.
Yo no la entiendo como una llamada a exprimir cada minuto ni como otra medalla para la productividad. La entiendo de una manera bastante menos heroica: quizá habría que mirar con honestidad qué cosas nos roban horas sin devolvernos ni una idea, ni un descanso, ni siquiera una buena anécdota.
A veces no falta tiempo. Falta dejar de regalárselo a lo que no nos importa.
¿En qué se te está yendo el tiempo últimamente?
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