
Hay cargas que no hacen ruido. No aparecen en una radiografía ni dejan marca en la espalda, pero cambian la forma de caminar, de contestar y hasta de mirar por la ventana.
A veces confundimos estar bien con seguir funcionando. Y seguimos: respondemos mensajes, hacemos planes, llegamos a todo. Por fuera, incluso parece que no pasa nada.
Pero de eso se trata, ¿no? De aprender a mirar un poco más allá de lo que se ve. También en los demás. También en uno mismo.
No todo lo que pesa necesita una explicación inmediata. Algunas cosas solo necesitan un poco de espacio, menos ruido y alguien que no te obligue a fingir que estás bien.
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