El yuyu de viajar solo: cuatro días en Londres

Tiempo de lectura: 4 minutos

Lo que llevo demasiado tiempo aplazando

Últimamente estoy en un punto un poco extraño. Me ha dado por pensar en las cosas que me pesan, las que llevo años aplazando y las que me dan ese pequeño respeto que normalmente disimulamos buscando una excusa. Este artículo también habla de Londres y de enfrentarse a los miedos al viajar solo.

Por un lado, estoy intentando vaciar cajas y aprender a vivir con menos. Por otro, he empezado a preguntarme qué miedos llevo también demasiado tiempo guardando. Al final, ambas cosas se parecen bastante: abrir una caja, mirar lo que hay dentro y decidir si quieres continuar cargando con ello.

Así que hice una especie de lista. Nada demasiado solemne, ni un plan de superación personal con veinte pasos y una frase motivacional de fondo. Simplemente pensé: ¿qué cosas me dan yuyu? ¿Qué cosas me gustaría hacer, pero siempre termino dejando para otro momento?

Viajar solo estaba entre las cinco primeras.

He viajado, pero siempre acompañado

No es que no haya viajado. He viajado bastante, aunque tampoco voy a presentarme ahora como Willy Fog. Incluso estuve cinco semanas en Nueva York. Pero siempre he ido acompañado.

Viajar solo me ha parecido siempre una experiencia que podía ser brutal. Esa clase de experiencia que, años después, recuerdas y dices: «Hubo un día en que cogí los bártulos y me fui por mi cuenta». Al mismo tiempo, siempre me ha dado reparo.

No tanto por el aeropuerto, por perderme o porque pueda surgir algún problema. Si pierdo el avión por no encontrar la puerta, estoy de vacaciones. Ya buscaré una solución. Nadie me espera para fichar al día siguiente y no tengo que rendir cuentas a un grupo. Precisamente parte de la gracia está en que algo pueda salir mal.

Lo que realmente me preocupa es algo mucho más sencillo: aburrirme.

Imagino ese momento en el que entras en un pub, pides una pinta y te sientas solo. Si vas acompañado, puedes pasar tres horas hablando sin darte cuenta. Cuando estás solo, quizá a los veinte minutos ya estás mirando el vaso y pensando: «Bueno… ¿y ahora qué?».

También está el idioma. Me defiendo bastante bien en inglés, aunque no soy ningún experto y el acento británico puede tener lo suyo. Pero tampoco creo que sea un problema insalvable. Con un poco de inglés, gestos y ganas de entenderse, al final uno se arregla.

«A tomar por culo: cuatro días»

Después de hacer aquella lista pensé que no tenía demasiado sentido identificar un miedo para volver a guardarlo en otra caja mental. Así que busqué vuelos baratos.

Elegí Londres porque está cerca, porque es un destino manejable para una primera vez y porque, buscando con tiempo, se puede viajar por bastante poco. Me ha costado 73 euros ida y vuelta.

Viajar solo tiene además una ventaja enorme: no tienes que cuadrar vacaciones, horarios, presupuestos ni preferencias con nadie. Puedes mirar qué vuelos hay dentro de cuatro meses, encontrar el más barato y amoldarte tú. No hay una conversación interminable de «a mí ese fin de semana no me viene bien» o «yo preferiría ir una semana más tarde».

Vi el vuelo y pensé: a tomar por culo.

Y no reservé uno o dos días, como quien prueba con un pie por si el agua está fría. Reservé cuatro. Tampoco me he ido un mes al otro lado del mundo, pero cuatro días son suficientes para que deje de ser una excursión y se convierta en un pequeño viaje de verdad.

Londres, Doctor Who y un poco de libre albedrío

Londres siempre me ha atraído. Me gusta Doctor Who —esa gran serie tendrá que tener su propio artículo algún día— y me llama la atención esa aparente seriedad británica. Digo aparente porque luego habrá de todo, como en cualquier sitio, pero me atrae esa imagen más contenida frente a la sensación de ruido y carnaval permanente que a veces tenemos por aquí.

Sé que quiero ver algunas cosas: el London Eye, el Big Ben y la zona de Westminster, Buckingham Palace, algún museo y, por supuesto, la tienda de Doctor Who. Pero no quiero llevar los cuatro días organizados al minuto.

Quiero dejar espacio para el libre albedrío.

En Nueva York descubrí algo que no esperaba. Cuando estás solo, incluso aunque no seas una persona especialmente extrovertida, te abres más a la gente. Empiezas a hablar con personas con las que probablemente no cruzarías dos palabras si estuvieras acompañado. Alguien te recomienda un sitio, terminas tomando algo con otra persona o aparece un plan que no estaba previsto. Allí incluso llegaron a invitarme a una fiesta.

Cuando vas con tu grupo, el grupo puede convertirse en una pequeña burbuja. Cuando estás solo, necesitas mirar hacia fuera.

No sé si en Londres conoceré a alguien. Quizá sí, aunque sea una de esas amistades superficiales que duran una tarde. Quizá alguien me recomiende un lugar y termine en una zona que no aparece en ninguna de mis listas. O quizá no ocurra nada de eso y pase los cuatro días completamente solo.

Supongo que también se trata de descubrir qué hago en ese caso.

El viaje empieza antes de subir al avión

Todavía no he ido a Londres, pero tengo la sensación de que el viaje ya ha empezado. Empezó el día en que escribí aquella lista y decidí que, si algo me daba respeto, quizá era precisamente una razón para intentarlo.

No necesito demostrarle nada a nadie. Ni siquiera sé si me gustará viajar solo. Puede que vuelva encantado y empiece a hacer más viajes de este tipo. Puede que descubra que prefiero compartirlos. Ambas respuestas me sirven, porque al menos serán respuestas mías y no imaginaciones construidas desde el sofá.

Y sí, me llevaré el portátil. No porque el plan sea encerrarme a trabajar en el hotel, que para eso me quedo en casa, sino como último recurso si una tarde se tuerce y el temido aburrimiento aparece. A malas, siempre podremos escribir desde allí sobre lo que está pasando.

Pero ojalá no tenga tiempo ni de abrirlo.

Quiero volver y poder decir: «Me acuerdo de cuando cogí los bártulos y me fui cuatro días solo a Londres».

Pum.


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2 comentarios en «El yuyu de viajar solo: cuatro días en Londres»

  1. Yo no sé si podría irme sola a descubrir lugares por el mundo, eso de sentarte en una terraza a tomarte algo … Con quien hablo? Estaría pegada al teléfono llamando a alguien para contarle lo que estoy viendo o haciendo. Siempre he viajado acompañada y me gusta esa sensación de estar arropada por la otra persona.
    Suerte en ese viaje y que te vaya bonito, ya nos contarás tus vivencias.

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