Hay frases que aparecen tantas veces en tazas, publicaciones de Instagram y vídeos con música épica que uno acaba sospechando de ellas.
Esta de Nietzsche es una de esas:
«Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».
Suena bien. Demasiado bien, incluso. Como si bastara con encontrar una gran razón para levantarse cada mañana y, de repente, todas las dificultades adquirieran sentido.
Pero yo no la entiendo exactamente así.
No creo que tener un porqué convierta cualquier problema en soportable. Hay situaciones que no se arreglan con propósito, voluntad ni una frase escrita sobre una fotografía en blanco y negro. A veces uno tiene motivos para seguir adelante y, aun así, está cansado. Muy cansado.
Lo que sí creo es que tener algo que te importe cambia la forma de atravesar los días. No hace que el camino sea fácil, pero evita que todo parezca completamente absurdo.
Ese porqué tampoco tiene que ser grandioso. Puede ser una persona, un proyecto, una curiosidad, un viaje pendiente o simplemente la necesidad de ver qué ocurre mañana. A veces el motivo que te mantiene en pie no parece filosófico. A veces es bastante más pequeño y bastante más raro.
Y quizá por eso la frase sigue funcionando: porque no habla de vivir bien, sino de encontrar algo que haga que el esfuerzo tenga algún sentido.
Aunque, claro, puede que yo lo esté entendiendo mal.
Pero de eso se trata, ¿no? De que cada uno interprete las frases desde su propia vida y desde la situación en la que se encuentra.
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